La Guardia Nacional reportó 2,519 denuncias por robo al autotransporte entre enero y junio de 2026, contra 3,126 en el mismo periodo del año anterior. Son 607 casos menos: una caída del 19.4%. La proyección oficial es cerrar el año 37% abajo.

Es una buena noticia. También es la mitad de la historia.

Primero, una aclaración sobre las cifras

Si buscaste el dato estas semanas habrás visto titulares de una caída del 52%. Vale la pena detenerse ahí un segundo: ese 52% y el 19.4% aparecen en la misma nota, y no miden lo mismo. El 19.4% es el que cuadra con los números duros del semestre —2,519 contra 3,126—, así que es el que usamos aquí.

Lo señalamos porque en seguridad de carga el número que eliges cambia la decisión que tomas. Una caída del 52% suena a "ya pasó lo peor". Una del 19.4% suena a lo que realmente es: una mejora real, sostenida, y todavía insuficiente.

Lo que cambió no fue la cantidad. Fue la naturaleza.

Mientras las denuncias bajaban, otro indicador se movió en dirección contraria. Según la consultora de riesgo Overhaul, 7 de cada 10 asaltos registrados en el primer semestre involucraron algún tipo de violencia, y el 76% de los afectados reportó maltrato durante el evento. En el mismo periodo se documentó la muerte de diez operadores en hechos relacionados con la delincuencia.

Traducido a términos operativos: bajó la probabilidad y subió la severidad. Son dos variables distintas y se gestionan distinto. Una baja de 19% en incidencia no reduce en 19% tu exposición si el 70% de los eventos restantes ahora escala a violencia.

Esa diferencia importa porque el seguro cubre la carga. No cubre al operador, ni el paro de la línea que esperaba el material, ni la conversación con tu cliente al día siguiente.

Dónde y qué

La incidencia sigue concentrada: 86.3% de los robos ocurrieron en diez entidades, y tres de ellas —Estado de México, Puebla y Guanajuato— acumulan el 46.7%. Por tipo de mercancía, alimentos y bebidas encabezan con 31%, seguidos de construcción e industrial y de autos y partes, con 8% cada uno.

Una advertencia sobre estos porcentajes: las fuentes públicas no coinciden entre sí en el desglose por estado. Distintas consultoras publican mapas distintos según su metodología y su universo de casos. Conviene leerlos como orden de magnitud, no como un ranking exacto, y sobre todo no usarlos para concluir que una ruta específica es segura.

Por qué el bloqueo de señal es el dato que importa

Hay una maniobra que aparece antes que el asalto: el inhibidor de señal. Un jammer bloquea la comunicación del GPS para que la unidad deje de reportar posición. Y aquí está el problema de fondo con el monitoreo convencional: un rastreador bloqueado y un rastreador en zona sin cobertura se ven exactamente igual. Los dos se quedan mudos.

Para cuando alguien confirma que no era falta de señal, la ventana de reacción ya se consumió. La tecnología anti-jammer no impide el robo: detecta el intento de bloqueo, que es lo que convierte una sospecha en una alerta accionable.

Qué sí se puede hacer

En ESGARI toda la flota opera con GPS en tiempo real, tecnología anti-jammer, paro de motor y control inteligente de apertura de puertas, con protocolos que se activan de inmediato ante una alerta. Puedes ver cómo se arma un esquema de protección según la exposición real de tu ruta en Seguridad y monitoreo 360°.

No prometemos cero incidentes. Nadie serio puede hacerlo. Lo que sí se puede acortar es el tiempo entre que algo pasa y que alguien reacciona — y en este negocio esa distancia es todo.

Fuentes: Guardia Nacional; Overhaul, citada por El Financiero (23 de agosto de 2026); Infobae; Transporte.mx.